domingo, 13 de mayo de 2012

Un país de contrastes



Entre toda la presencia humanitaria en el continente africano, me toca ir a Angola. Un país situado en el suroeste de África. Su capital, Luanda. Esta antigua colonia portuguesa, con gran potencial de desarrollo por la pujanza de su gente es uno de los países más ricos del continente ya que posee importantes reservas petrolíferas, de gas y minas de diamantes.

A pesar de sus recursos naturales abundantes, su ingreso per cápita está entre los más bajos del mundo. Desangrada por la guerra, que comenzó en 1961 con la lucha de independencia de Portugal y transformada en guerra civil desde 1975 hasta el 2002, dejó un país devastado y plagado de minas antipersonas, niños sin padres y un sinfín de necesidades que hacen de Angola una tierra en crisis humanitaria.

Cerca de la mitad de la población se encuentra en situación de pobreza. Para los que gustan de números, el 54% vive debajo del umbral de pobreza. Maldita por décadas de colonialismo, guerras, sequías, enfermedades y hambrunas su capital es la urbe más cara del planeta. Si, como lo leen, ¡la más cara del planeta!. Y con mayor inequidad si se tiene en cuenta que la mayor parte del alimento que se consume se importa. A tal punto que el 30% de la población no tiene sus necesidades alimenticias cubiertas.

Con una población joven, al igual que en toda África, el 48% es menor de 15 años. Pero la esperanza de vida ronda los 39 años. La educación es un lujo. La tasa de escolarización en enseñanza secundaria es del 17,3% y la de primaria es del 76%.

En materia de salud, existen innumerables enfermedades que por ahora no valen la pena nombrar, pero si que tienen una de las peores tasas de mortalidad de menores en el mundo, donde uno de cada cuatro niños muere antes de cumplir los cinco años.

Como verán, muchas cosas por hacer en esta misión en la que me embarco... 



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