jueves, 6 de septiembre de 2012

Elecciones en Angola


El pasado 31 de agosto los angolanos tuvieron su tercer  encuentro con las urnas desde su independencia en 1975. No hay que devanarse los sesos para saber quién  se alzó con el triunfo, las apuestas se ciernen solo para saber por cuánto, y con ellas la esperanza de cambio a largo plazo. Es que desde que Angola dejó de ser colonia portuguesa el MPLA (Movimiento Popular de Liberación de Angola) se hizo del poder, primero a manos de Agostinho Neto, quien a su muerte (Septiembre, 1979) cedió el poder al actual presidente José Eduardo “Ze Dú” Dos Santos.

La elección en realidad apuntaba a la renovación total del Parlamento. El partido vencedor se llevará la abrumadora mayoría de diputados, casi el 70% de la cámara, y su jefe será coronado presidente de la República por un período de cinco años más, según la Constitución adoptada en el año 2010.

La absoluta concentración de poder existente en este país africano sofoca a la oposición, que es casi inexistente. Muestra de ello son los escasos y pobres mitines políticos de las fuerzas que son contrapeso del gobierno y la grandilocuente campaña electoral del MPLA que incluyó un fuerte espaldarazo de los medios de comunicación, a manos del partido gobernante, claro.

La maquinaria del estado, que alimenta sus arcas en base a las regalías del petróleo ya negociado y repartido por completo con las superpotencias que cómplices guardan silencio, se movilizó en favor del partido gobernante regalando gorros, remeras, banderas, chapas y convidando a grandes fiestas regadas con miles de litros de cerveza. Pan y circo romano.

En la capital, Luanda, ciudad densamente poblada debido al éxodo de la guerra, la mudanza de ideas y alternativas políticas se hace fuerte entre los jóvenes, que pujan por un lugar en la sociedad y buscan el progreso en base a educación y trabajo. Muestra de ello es el bajo porcentaje de apoyo que obtuvo MPLA, alrededor del 56%. Las protestas callejeras ocurridas el año pasado partieron de las universidades de Luanda, rápidamente acalladas por el gobierno de Ze Dú.

En las provincias la aplastante victoria, en algunos casos  el apoyo fue de hasta el 95%, muestra la falta de profundidad de la conciencia electoral y por sobre todo el sometimiento que aún existe en localidades más distantes de la capital.

Cabinda, enclave situado en la República del Congo, del cual Angola nunca se desprenderá por su riqueza petrolífera es aún una piedra en el zapato para el gobierno, que busca por todos los medios controlar y acallar las voces de sedición que buscan la independencia. La oposición habla de números dibujados para mostrar una elección favorable. Hasta se animan a señalar la imposibilidad de voto para aquellos que vivían en localidades distantes en provincias en las que la intención de voto no les era favorable.

El MPLA obtuvo el 71% de los votos, constituyéndose como la segunda fuerza el tradicional partido Unita y en tercer lugar Casa se, un partido nuevo que relegó al histórico FNLA a un cuarto puesto y posiblemente a desaparecer.

Pero cómo pedirle a un pueblo que aún no olvidó las penurias de la guerra y aún lucha por rearmarse y sobrevivir ante tanta miseria, desigualdad, falta de oportunidades de educación, laboral y acceso a la salud que vislumbre que la pseudodemocracia en la que está sumergido no es libertad real. Si para ellos MPLA luchó hasta el fin por expulsar al opresor, si MPLA les regaló algo inestimable: la paz.

Las técnicas electorales tendrán que mejorar, se deberá educar al pueblo para ello, el retraso y las desigualdades hacen mella, pero una cosa es indiscutible, que el pueblo angolano se está poniendo de pie y tiene la oportunidad histórica de reconstruirse y conquistar un espacio importante en el continente africano.

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