Días atrás alguien me preguntó
que cómo estoy. Me encogí de hombros y fruncí el ceño. ¿Cómo estoy? Abriendo y
cerrando. Escuchando, viviendo intenso, palpitando. Viendo pasar mi último mes
en África. Sintiendo como se cierra una etapa.
Desprenderse es lo que cuesta. No
lo voy a negar. Llevo varias noches dándole vueltas al asunto, tanto que se me
ha mareado la razón y hasta a veces me entra una basurita en el ojo.
Pero así es nuestro trabajo, como
el de un orfebre, tratando de unir lo útil con lo posible y después pasarlo a
otras manos para que lo luzcan mejor.
Y la experiencia, ¿te ha
gustado?, y yo cierro los ojos y les muestro el alma llena de nombres…
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